Todo empezó con una beca. La ilustradora Amaia Arrazola, una chica de Vitoria asentada en Madrid hace ya algunos años, recibe una llamada de Paradise Air, un programa para revitalizar el distrito de Matsudo, en Tokio, anunciándole que le conceden una beca que había solicitado para vivir en su residencia artística durante un mes. Como proyecto, plantea realizar una especie de diario visual, ‘Amaia was here’,“que consistía en hacer al menos un dibujo al día, contar mis vivencias, cómo descubría Tokio, miedos, inseguridades, comida, gente que me iba encontrando… una occidental en oriente”.
Aquel ‘Amaia was here’ terminó convirtiéndose en el germen de ‘Wabi Sabi’, el libro que acaba de publicar con Lunwerg, donde queda reflejada su visión de la cultura japonesa tras aquel tiempo de experiencia: “Otra forma de…
