De una cena pueden salir muchas cosas: un negocio, un matrimonio, una despedida y hasta una marcianada de libro maravillosa. No era el objetivo de László Moholy-Nagy cuando invitó a su mesa al fundador de la Bauhaus, Walter Gropius, en 1937. Pero tal menú era digno de convertirse en arte: sopa de tortuga, salmón escocés hervido en salsa de langosta y nectarina helada. Dalí quizá lo hubiera hecho, pero se le escapó, y ahora la chef Esther Choi, del restaurante neoyorquino Mokbar, ha cogido la idea al vuelo.
Empezó sirviendo a sus amigos platos en clave conceptual, extravagancia por todas partes y sabrosura, porque aunque el aspecto sea, a veces, dudoso, Esther siente tanto amor por el arte como por la cocina, y la respeta. Y además, tiene sentido del…
