Yo no se tú, pero en casa, ni en la de mis padres ni en la mía, nos hemos peleado nunca en la cena de Navidad.
Se le atribuye al cuñado el esterotipo del indocumentado, del metepatas, del que se come la última gamba disparando el brazo mecánico a toda velocidad; el de los chistes malos, el que se emborracha el primero, al que cuando está con la cogorza no se le ocurre otra cosa que decir lo que piensa.
En casa, al ser todos chicos, no ha habido ‘cuñaos’ (la manera que tenía El Risitas de pronunciarlo debería tener acepción propia en la RAE), sino cuñadas educadas, respetuosas, a las que hemos querido y queremos con locura.
En casa están prohibidas las guerras de pan, las salidas de tono,…
