Su orujo se sirve en Arzak, Quique Dacosta, Nerua, Mugaritz y hasta en Japón, pero Isabel García sigue a su ritmo: “Si quisiese destilar más rápido no podría; ni quiero” Ella no se da cuenta, pero, cuando habla como si nada de todo este lío de alquitaras, valles cántabros y abuelitas enérgicas, acaba haciéndote partícipe del cuento hasta casi olvidar que no, que esto no es un cuento. Que es una historia real. Isabel García representa la tercera generación de una saga de mujeres emprendedoras que, desde el valle de Liébana, han logrado que su Orujo de los Picos se sirva, aparte de en los cántabros Annua, Cenador de Amós y Solana, en Mugaritz, en Quique Dacosta, en Nerua, en Arzak y hasta en Japón. Pero ella erre que erre:…
