EN el impresionante marco de la «Cour Carrée» del Louvre, se presentó la colección otoño-invierno de Christian Dior, en una sucesión de salas concéntricas futuristas, cubiertas de espejos. Una colección fundida en negro, en el que se aprecia un espectacular juego de texturas, y unas líneas rompedoras. La clave está en la mezcla y en la acumulación.
Lo masculino y los códigos de la ropa de trabajo, así como las siluetas Bar y el New Look de «monsieur» Dior, puestos al día, dibujan una silueta de volúmenes asimétricos y generosos, y están destinados a una mujer libre, dinámica, moderna e intuitiva.
Los hombros y el escote se convierten en el punto focal de la colección, aportando un aire desenfadado y sensual, en el que retazos de piel asoman sin pudor.…
