Uno de ellos, decía, es de color negro: representa la envidia, aflicción, codicia, arrogancia, resentimiento hacia mí mismo, siente lástima por mí, actúa desde la culpa, tiene un fuerte complejo de inferioridad, miente, es orgulloso, falso y su ego no posee límite.
El otro es de color blanco: representa la alegría, me ayuda a alcanzar la paz conmigo mismo, su amor es incondicional hacia los demás, actúa desde la esperanza con serenidad, humildad, bondad y benevolencia, demuestra constante empatía, generosidad, compasión y fe.
Estos dos lobos existen dentro de todos nosotros, y están en constante lucha.
El nieto reflexionó sobre esto durante un largo minuto, y luego le preguntó: «¿Y qué lobo ganará?» Y el anciano le contestó: «Aquel al que tú alimentes».
Hasta aquí es la historia tradicional. Sin…