La fuga forma parte del mundo humano y animal. Su etimología no sólo significa huida, sino también su causa: el espanto, un acto de sobrevivencia. A veces, sin embargo, fugarse no es lo mejor. Sus consecuencias suelen ser más trágicas de lo que hubiese implicado encarar el horror. Tal vez, su mejor representación sea Edipo, quien, huyendo del oráculo que le reveló que mataría a su padre y se casaría con su madre, lo cumple. Al saberlo, se saca los ojos. Ciego, desterrado, reducido a la miseria y acosado por las Euménides (las diosas de la venganza), termina vagando sin rumbo tomado de la mano de su hija Antígona.
Los mexicanos nos parecemos a Edipo, huimos. Pero, a diferencia suya, no lo hacemos para escapar de lo terrible que, a…
