Uno de los lemas de campaña de López Obrador, tal vez el más poderoso, ha sido: “Por el bien de México, primero los pobres”. Con ese lema, que toca las fibras más sensibles de Occidente, llegó a la Presidencia de la República y con él se va. ¿Lo logró?
La palabra pobreza es amplia. Significa “carencia”, “pequeñez”, desamparo”. Un pobre, en este sentido, es cualquiera que cae en estado de indefensión: un huérfano, un enfermo, un migrante, alguien incapaz de proveerse de la mínima subsistencia, una madre y un padre a quienes le desaparecieron o le asesinaron a un hijo o a una hija. La gama es inmensa. El judeocristianismo, reelaborado por el desarrollo económico, lo redujo a quienes carecen de capacidad de producir y consumir, que el marxismo identificó…