Tengo una palabra talismán. La utilizo cuando tengo un día tonto, algo que ocurre con más frecuencia de la que debería. Esa palabra es Toscana y la escribo en la lupita de cualquier plataforma si necesito ver el mundo de color rosa o, mejor, color siena tostado. Cuando lo hago, la búsqueda me devuelve títulos como En la Toscana, Una villa en la Toscana, Un verano en la Toscana y yo sé que, vea la que vea, encontraré en ellas cipreses y el mismo confort que un plato de pappardelle con ragú.
Estas películas pertenecen a un subgénero eficaz y bien armado. El esquema se repite una tras otra: persona no italiana viaja, por circunstancias de la vida (un divorcio, una herencia, un despido, un bloqueo creativo) a la Toscana;…
