Cuando en esta locura ultralisérgica (otra) de Paul Thomas Anderson comienzan a sonar los acordes de Vitamin C, temazo setentero de Can, enseguida te das cuenta de que vas a necesitar un chute gordo de zumo de naranja, sí, para soportar tamaña bacanal. La pirotecnia se redobla en Puro vicio por algo evidente: estamos ante la adaptación cinematográfica de Inherent vice, novela de Thomas Pynchon por la que caminan un detective digamos que peculiar (Doc Sportello, aquí con la cara y las patillas colosales de Joaquin Phoenix), una femme tirando a fatale, un magnate inmobiliario aficionado al ácido y una banda en general bastante pasada de vueltas. El clímax de la acción circula en bucle, pero nosotros frenamos en seco ante esa recreación de La Última Cena entre enormes pizzas,…