«Una mamá demasiado ecléctica», así se define Karla Covarrubias en la feliz espera. «Espero poderle enseñar a mi hija que el amor propio es lo más importante» ES un torbellino. No, perdón: es un huracán. Un huracán mexicano. Explosiva, excesiva, enérgica, poderosa, fantástica. Su alegría te arrastra y te arrasa, y su voz, dulce y especiada, alimenta. Porque Karla Covarrubias es sinónimo de cocina, pero, también, de México en estado puro. Es color, es fiesta, es barroco, es mixtura, contraste y sabor. Y como sus fogones, tamizada por un cosmopolitismo urbanita, esta mujer hunde sus raíces en la tradición azteca para, después, reflejar lo más inesperado e insólito de la posmodernidad. En ella y, obviamente, en sus platos, está Coyoacán y el paseo de la Reforma, Frida Kahlo y el…
