ESTA crónica se podría titular «Cannes me mata o cómo pisar la alfombra roja de la Croisette y no morir en el intento». Porque la capital de la «rivière française» y del cine en el Mediterráneo —con permiso, claro está, de Venecia, el Adriático y septiembre—ha vuelto a prender como esa inagotable hoguera de vanidades que es, gracias al lujo de la moda, la luz de las joyas —Cartier, Chaumet, Chopard, Bvlgari…— y la sal y la pimienta de la polémica, el amor en todas sus variantes, el desamor —en las suyas— y, por supuesto, a las historias de la gran pantalla.
Una edición, la 77, marcada por los esperadísimos regresos a la gran pantalla de Selena Gómez, Richard Gere, Sienna Miller y Francis F. Coppola La Croisette se convierte…
