Comer por los ojos es algo que, inevitablemente, nos lleva a saborear un sinfín de platos con solo mirarlos. De eso se trata. Imaginemos, por ejemplo, una despensa repleta de productos rojos, color navideño por antonomasia e imprescindible para empezar bien el año. El rojo es pasión, es fuego, es fuerza, es valentía y placer. Adjetivos que podríamos trasladar a recetarios tan distantes –y a veces no tan lejanos– como el japonés y el español: sushi de atún rojo, crustáceos, salmonetes el cabracho o ‘scorpionfish’, la pimienta de Sichuán, tan popular en toda la cocina asiática, el tomate, el pimiento (picante o no), y, cómo no, la codiciada carne de wagyu. Tan rojos, tan seductores y tan apetitosos objetos de deseo como el nuevo Mazda MX-5 y su distintivo color…