Strengelbach, una pequeña localidad al oeste de Zurich, 1976. Allí comienza nuestra historia. En realidad, arranca algo después, cuando nuestro protagonista, Daniel Humm, tiene ya seis, siete años, y empieza a ser consciente de todo lo que supone la experiencia de la cocina. Le gusta acompañar a su madre al mercado. La observa, con esa silenciosa magia de la mirada infantil, dedicar el tiempo que sea menester a estudiar y escoger los mejores productos en los mercados locales mientras habla con los tenderos (proveedores, los llamará él). Más tarde, en casa, se deja llevar por los olores, por los sonidos, por las combinaciones de esos productos recién comprados que ella lleva a cabo para preparar cada guiso, cada plato, como si de un viejo rito de alquimia se tratase. Pero…
